Era un día soleado y agradable. Entre las ramas de
un árbol estaba un mono que disfrutaba del aparente momento apacible, el mismo
que fue interrumpido por su amigo el zorro, que ocasionalmente pasaba por allí.
El mono inquieto y curioso establece el dialogo, inquiriéndole: ¿Qué haces? ¿ a
dónde vas?. El zorro haciendo gala de su astucia le responde voy adónde tú no
puedes ir. El mono ve al zorro que entre sus manos lleva una bolsa, y le pregunta
por el contenido de ella. El zorro le respondió: Mono, eres ignorante para que
entiendas, lo que llevo en la bolsa, así que deja de preguntar y sigue comiendo
tu plátano. Muy perseverante el mono insistió en
saber que había en la bolsa, a tal punto que convenció al zorro, que con aire
de autosuficiencia le respondió: en la bolsa llevo conocimientos. ¿Conocimientos?, respondió el mono, y eso, ¿cómo se
come? agregó. El zorro con tono altanero le dijo: Contigo estoy perdiendo
el tiempo, nunca aprenderás. Cuando estaban en plena discusión, se presento un
feroz Tigre que estaba hambriento, y cogió del cuello al pobre zorro. El mono
atemorizado no sabía qué hacer, por su mente se cruzó la idea de bajar del
árbol para ayudar al zorro, pero notó que de hacerlo su integridad física
también estaría en peligro. Entonces solo decidió arengarlo, gritando: Zorro,
Zorro, usa tus conocimientos. El Zorro, no los podía usar porque los tenía muy
seguras en la bolsa, al final fue devorado por las fauces de la fiera. ¿Cuántos
de nosotros somos como el Zorro?. Que hemos adquirido muchos conocimientos y no
los utilizamos de manera adecuada.
En esta pequeña historia encontramos la palabra
conocimiento. Palabra cuya definición ha intrigado a algunos de los grandes
pensadores mundiales, desde Platón hasta Popper, sin llegar a un consenso.
La literatura sobre el análisis y la dirección del conocimiento señala características relevantes en la utilización del conocimiento dentro de la empresa. Machlup (1980) identifica trece "elementos del conocimiento", incluyendo: conocer, estar familiarizado con, saber, acordarse, recordar, reconocer, distinguir, comprender, interpretar, ser capaz de explicar, ser capaz de demostrar, ser capaz de hablar de y ser capaz de interpretar.
Machlup también identifica cinco "clases de
conocimiento": conocimiento práctico, conocimiento intelectual (abarcando
el científico, humanístico y cultural), conocimiento para pasar el tiempo
(noticias, cotilleos, historias y cosas por el estilo), conocimiento espiritual
y conocimiento superfluo (no deseado).
El conocimiento explícito se transmite por
comunicación, siendo la facilidad de comunicación su propiedad fundamental. El
conocimiento tácito se transmite a través de su aplicación. Si el conocimiento tácito
no se puede codificar y sólo se puede observar a través de su aplicación y
adquirir a través de la práctica, su transferencia entre la gente es lenta,
costosa e incierta (Kogut y Zander, 1992).
En la sociedad hay millones de personas que han
sido excluidos, y otros auto excluidos, que asumen comportamientos muy
parecidos a la del mono o a la del zorro. El primero no sabe que es y para qué
sirve el conocimiento, mientras que el segundo sabe lo que es, pero no sabe
utilizarlo. Cabe resaltar que es necesario estar permanentemente generando
conocimientos y sobre todo saber utilizarlo.
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